Hoy no

Verás, hace tiempo me enganché a escribir. Pero era un vicio sano, ni si quiera consideraba perdido el tiempo que empleaba en ello. Lo que más me gustaba era explotar esa idea que tenía metida en la cabeza, desde una novela negra a relatos de ficción. Por supuesto, todo estaba influenciado por cosas que me tenían obsesionado en ese momento. Podía ser El precio del poder, El juego de Ender o Antichrist Superstar. Daba igual, se me metía la temática en la cabeza y tenía que desarrollarlo.

Uno de ellos fue un intento de novela negra. ¿Por qué no? Sí la idea la tenía. Empecé a desarrollar a los personajes, su entorno, sus relaciones. Cualquier detalle, por pequeño que fuera. Y me dió por echar la vista atrás. Releerlo. Eso fue lo peor que pude hacer. Nada de lo escrito me convencía. Escribir eso me supuso salir de un bache, pero una vez fuera ya no tiene tanto sentido.

Tiempo después, lo sigo pensando. Ya no he vuelto a escribir tanto, excepto alguna ocasión contada, y siempre con el mismo problema, nada me convence. Como que no tiene calidad, pero tampoco sé dársela.

Hoy tampoco es día para escribir. Así me acabo ahogando en el mar del tiempo…

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