Y lo hago por…

Mi querido blog, cuánto tiempo sin darte amor. Pero es hora de volver, aunque no sé por cuanto tiempo.

Cuando te creé, hace unos 8 años, lo hice un poco por moda. Eran otros tiempos, y las webs se hacía con phpnuke (menudo cáncer), tirar de dreamweaver o montar un foro cutre en cualquier hosting gratuito. Y entonces la moda de Blogger llegó, y me apunté. La idea me gustó, porque daba un poco rienda suelta a lo que escribía. Siempre había enfocado el mundo de las webs a una temática en particular, no en contenido sobre mi mismo, sean opiniones o lo que me gustase. Pero sí, era una buena idea. Y nació El Niño Zarigüeya, mi blog sobre nada. Y las pocas entradas que tenían era sobre gente de una misma comunidad, con alabanzas a una persona muy especial para mi. Por desgracia, un tumor en mi vida empezó a crecer, y me hizo borrar las entradas. Culpa mía, fui yo quien apretó el botón de borrar, y además me cegué y no vi venir lo que absorbería parte de mi vida.

En 2004, junto a Alberto, escribí un relato para un concurso del colegio. No era gran cosa, bebía mucho de nuestras influencias de la época (GTA Vice City, Scarface), y era un poco caótico. No era mal plan presentarlo, pero sabíamos que no iría lejos, por la temática, por quién lo iba a leer, etc. Razón no nos faltaba, no llegó a ningún lado. Perdimos el gran premio de un vale para material escolar, que ganaron varios relatos de alumnos de cursos superiores. El premio no nos importaba, pero el hecho de que nuestro trabajo pasase desapercibido me sentó mal. Y ahí lo dejé, hasta que llegó la época en que cierto tumor me hacía infeliz. El blog no me llenaba lo suficiente, así que encontré de nuevo esa válvula de escape. Seguí con aquel relato de 2004. Bueno, no exactamente, porque no continué. Me dediqué a perfilar el mundo en el que se desarrollaba, describiendo a personajes principales, sus relaciones, lugares que frecuentaban en aquella ciudad inventada… llegué a publicar algo en este blog, y el resto se quedó en aquellos folios que me distraían del aburrimiento de clase. Un año después volví a esas calles de papel, para verme con los mismos personajes a los que di vida, para que lo volvieran a hacer. Una vez más. Esta vez por una persona importante en mi vida, porque le iba a servir.

No volví a tocar ese tema. El blog sí, porque ella me animó. Todo hasta este año, que decidí repetir lo sucedido hace mucho. Así pasó, la gran hostia que te llevas. No es para tanto, ya, porque es algo poco actual, pero volver a esa sensación de que lo escribes vale nada y menos… no es nada agradable. Que lo intentamos vender como una realidad alternativa a la que escapar cuando te agobias, pero no, no es sólo eso. Se convierte en parte de ti y que lo menosprecien duele. Y te vuelves a plantear si merece la pena volver alguna vez a ello o no.

¿Merece la pena? Eso está por ver. De lo que sí estoy seguro es de seguir con el blog, no ya por la cantidad de años de textos publicados, aunque la mayoría sin valor. Más que nada es por los ánimos que me dan unas cuantas personas para seguir escribiendo. Que, por cierto, algunas de ellas deberían retomar esta sana costumbre…

3 años ya…

Parece que fue ayer cuando Alberto llegó a mi colegio. Y le mandaron a mi clase… (por ciertos motivos le cambiaron de otra). Desde entonces, mi mejor amigo. 3 años de qué? De una tarde que nos comimos un par de donuts en una pequeña salita del rellano de su antigua casa. Como no había papelera… pues… hale, dentro de un cajón se quedó el envoltorio. Curiosamente, hasta hace año y pico seguía ahí. Dentro de poco hay que ir a ver si sigue….