Punto

Lo normal cuando se corta toda relación con una persona es dejarlo. Pero con el paso del tiempo y según las circustancias sueles tener una pequeña recaida. Querer saber que es de esa persona, hablar con ella o alguna gilipollez con el estilo. Este texto es un buen ejemplo. Debería dejarlo correr pero no, tengo que escribirlo.

Verás, nuestra relación fue rara. Cuanto más te conocí más me arrepentía de no haberlo hecho antes (y mira que tuvimos años y años para ello). Vi que tuve amistad con la gente equivocada y que tenías que ser tú la correcta. Pero bueno, el hecho de no haber sido amigos antes ahora hacía que viese que lo nuestro era mucho más valioso. Y así te consideré durante todo ese tiempo. Y que coño, tuviste mucha razón sobre mucha gente, y me alegré de que pudiéramos hablar de ello porque así veía que esta vez era un acierto. Tú eras ese acierto.

Todo lo que tiene un principio se acaba. No se sabe cuando pero llega, para mal o para bien. En parte lo veía venir pero no me lo creía. Hasta que me lo dijiste. No me puse a pensar en qué había hecho mal o que podía hacer para corregirlo. Eso se acaba y no hay vuelta atrás. Lo has dicho y es definitivo.

¿Sabes lo bueno? Me ha hecho pensar sobre qué tipo de relación tengo con el resto de la gente. Cuáles son colegas, cuáles son amigos y cuáles son, simplemente conocidos. Posiblemente me aventuré a darte un rango que sabía que se acabaría quemando. Confié en que no fuese así y me equivoqué.

Tampoco me voy a fustigar y empezar a decir que fue culpa mía por no cuidar y mantener nuestra relación. Fue culpa de los dos, no pusimos el interés que debíamos (y eso que tú pones el listón más alto). Si no ha salido es, porque no hemos querido. Ni le has puesto ganas al final ni yo las tuve de seguir tirando de esto cuando pasabas de continuar. Tardaste en cortar, pero al final lo hiciste. Podías haberlo hecho antes y así te hubieras ahorrado el teatro de los últimos meses…

Sé que no leerás esto, irá directo a la papelera sin leer porque tú pasas de página sin problemas. Los demás no podemos hacerlo así, pero en fin, al menos me sirve para matar el tiempo.

Hoy no

Verás, hace tiempo me enganché a escribir. Pero era un vicio sano, ni si quiera consideraba perdido el tiempo que empleaba en ello. Lo que más me gustaba era explotar esa idea que tenía metida en la cabeza, desde una novela negra a relatos de ficción. Por supuesto, todo estaba influenciado por cosas que me tenían obsesionado en ese momento. Podía ser El precio del poder, El juego de Ender o Antichrist Superstar. Daba igual, se me metía la temática en la cabeza y tenía que desarrollarlo.

Uno de ellos fue un intento de novela negra. ¿Por qué no? Sí la idea la tenía. Empecé a desarrollar a los personajes, su entorno, sus relaciones. Cualquier detalle, por pequeño que fuera. Y me dió por echar la vista atrás. Releerlo. Eso fue lo peor que pude hacer. Nada de lo escrito me convencía. Escribir eso me supuso salir de un bache, pero una vez fuera ya no tiene tanto sentido.

Tiempo después, lo sigo pensando. Ya no he vuelto a escribir tanto, excepto alguna ocasión contada, y siempre con el mismo problema, nada me convence. Como que no tiene calidad, pero tampoco sé dársela.

Hoy tampoco es día para escribir. Así me acabo ahogando en el mar del tiempo…